viernes, 30 de diciembre de 2011

LA SOBREPROTECCIÓN DEL NIÑO DISCAPACITADO




“El amor es atención y cuidado pero lo más importante es sentirse amado”

Los niños con discapacidad siempre tienen potencial y pueden ser capaces de aprender y hacer muchas cosas por sí mismos, sin ayuda.

Frente a una discapacidad física o mental, es importante que los familiares hayan aceptado esa situación y no intenten compararlo o competir con otras personas, en igual condición, en cuanto a evolución y desarrollo, porque cada persona es única y tiene una forma diferente de recuperarse.

Los niños con discapacidad severa es importante que concurran a una escuela de capacitación que es donde se puede detectar de la mejor forma la posibilidad de recuperación de sus funciones o el reemplazo de las mismas si éstas fueran irrecuperables.

Son niños diferentes que pueden contar con recursos importantes que solamente se pueden revelar si tienen la oportunidad de acceder a estas instituciones especiales, que cuentan con el personal idóneo.

A veces, la necesidad de la familia de ayudarlo en todo, produce un atraso en su desarrollo y la pérdida de la oportunidad de que pueda realizar el aprendizaje que requiere, en el momento más oportuno.

El contacto con otros niños con dificultades permite compartir los éxitos y las frustraciones, pudiendo canalizar convenientemente todas sus inquietudes a través de los expertos en cada área.

Algunos padres se sienten culpables de la discapacidad de su hijo y asumen una actitud sobre protectora, desviviéndose para atenderlo y convirtiendo esa tarea en un apostolado.

Es natural que se tienda a adoptar esta postura, pero es perjudicial tanto para el niño como para el progenitor, que haya decidido dedicarle su vida.

Los padres no tienen los conocimientos necesarios para una mejor recuperación y aunque estén asesorados, no pueden tomar distancia de los problemas que se van presentando, convirtiéndose en un obstáculo para el progreso de sus hijos.

Ellos no desean que sus padres sufran; porque prefieren tener padres felices, y no se quieren sentir culpables por ser la razón de esa desdicha.

Lo primero que hay que lograr es su independencia y el respeto por la vida que le toque llevar, que no es ni mejor ni peor que cualquier otra.

La mejor decisión es brindarle la posibilidad de concurrir a una escuela especial doble escolaridad, y volver al hogar para compartir con su familia el resto del día.

Participar en su recuperación no es lo mismo que desvivirse, porque cada miembro de la familia también tiene su propia vida y su necesidad de realización.

Se puede ayudar más a los hijos, respetando los propios límites y ocupándose en brindar a la persona que lo necesita las condiciones óptimas para superar situaciones difíciles sin pretender hacerlo todo.

La sobreprotección del hijo con discapacidad también altera la vida de los hermanos que ven disminuida la atención de sus padres hacia ellos, debido a las dificultades que tiene ese hermano.

No hay que olvidar que tanto la enfermedad como la discapacidad reporta al afectado un beneficio secundario, que es precisamente un exceso de atenciones y un trato diferencial.

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